Tengo una manía que a muchos le puede parecer repugnante. Desde que estoy en proceso de elongación capilar, la caida de mi cabello es igual de frecuente, pero mucho más llamativa. De repente veo un pelo en mi mesa y me habla, me lo pide por favor, me lo suplica, me dice… RÍZAME!!!

Yo tengo el pelo ondulado, es decir, ni liso ni rizado. Y a mi no me gustan las medias tintas, son muy indigestas, por lo que ante la imposibilidad de estirar mi pelo hasta que quede rígido, lo deslizo entre mis uñas para que tome la forma de un rabo de gorrino. El problema de este proceso es la similitud que esta metamorfosis le confiere a un vello púbico, razón por la cual la gente pone cara de asco cuando les demuestro mi pericia en el arte del rizado manual.

El proceso es muy sencillo. Es el mismo que usan las señoras que envuelven regalos para rizar los lazos con tijeras. Algún día os pondré una foto de alguno de mis mejores muellecitos (como me gusta llamarlos).