Aprendiz de todo, ¡Maestro!, de nada.
17 Apr
Como surgidos de la nada, como si de una nueva raza se tratase, se han apoderado de nuestras calles unos seres que pasan desapercibidos de día, pero por la noche, su ojo pirulo les delata. Son los coches tuertos y están aquí para quedarse durante mucho tiempo.
Son esos coches que tienen uno de los faros fundido y dentro solo le queda una luz residual que no satisface las necesidades lumínicas mínimas de nuestra metrópolis. La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Un coche tuerto nace, o se hace? La respuesta no es trivial, pero yo, en mi afán de investigación, con la inevitable tendencia que tengo hacia el absurdo he dado con una respuesta elegante y práctica.
Los coches tuertos dejaron de fabricarse allá por 1492, año en el que se cumplía el quinto centenario inverso de las olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Curro. Al igual que ahora, encontrar curro era deporte olímpico, pero la gente no escatimaba en su seguridad vial y pedía coches con dos faros. Por aquel entonces, lo que ahora llamamos coche se conocía como embarcación de seco o autoinmóvil. Podíamos decir que en aquel tiempo, un coche tuerto nacía.
Corrían malos tiempos para los coches tuertos. Un coche no podía ser tuerto ni aunque fundiese un faro a propósito, pues era época de vacas gordas, aunque también había alguna tía buena, y era obligatorio ir provisto de un juego de luces, que como juego es de los más aburridos que existe, todo sea dicho. Pero en estos días en los que nos ha tocado vivir, donde nos damos de bruces contra las contradicciones de la mecánica cuántica y de la mecánica a secas hemos topado con la peor de las catástrofes, la unión de estas dos disciplinas y sus paradojas.
Necesitamos de la mecánica cuántica para entender el comportamiento de los fotones y las razones por las cuales un coche deja de emitirlos, y necesitamos de la mecánica tradicional para solucionar este entuerto, pero te niegas a admitirlo y decides arreglar el faro por tu cuenta porque la crisis te incita a ahorrar y de lo que primero prescindes es de tu seguridad. Acudes al manual de instrucciones y te frustra descubrir que los mecánicos dominan el mundo, pues el manual te insta a que acudas a un profesional para que arregle el faro. Me cabrea mucho que así sea porque si tengo que llevar el coche al mecánico para que me arregle el faro… ¡¿Por qué mierda es necesario que lleve un juego de luces de repuesto?!
Al final el dueño del automóvil se harta y decide llevar un coche tuerto con orgullo y rezando por que no lo descubran las autoridades.
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