Leyendo un libro, un libro cualquiera, mejor uno aburrido que incite al sueño, que incite a esas microsiestas en que la lectura pasa al plano onírico de forma sigilosa. Lees sobre algo anodino, verbigracia un pobre detective, empiezas a soñar con el detective, a hacerlo tuyo y gobernarlo con el subconsciente. Mientras tanto en el plano físico, tú duermes, el libro descansa sobre tu cara. Tu nariz ejerce de separador, un Moisés nasal que divide dos páginas en par e impar. Tú sigues con el detective que ahora es una mujer transfigurada, es decir, sigue siendo el detective pero también es la mujer, no preguntes.
Volvemos a lo real, tu nariz respira las letras firmemente pegadas al papel. La absorción de aire genera una brisa que despega las esquinas de las letras. Se puede ver la esquina de una a minúscula vibrando separada del papel, haciendo una leve resistencia y finalmente despegándose.  Todas las letras de la página despegándose y volando hacia tus fosas nasales, viajando por tu tráquea y llegando a lo más profundo de tu sistema respiratorio, formando parte de ti durante un instante. Al exhalar las letras se reconfiguran formando una nueva historia. Idéntica a tu alucinación.