bandnm4.jpgCuando de adolescente soñaba con ser guitarrista, este hombre era mi modelo a seguir. Hoy por fin lo he tenido a pocos metros y lo he visto tocar como nunca me había imaginado. A los no iniciados les parecerá que soy como una fan de tokyo hotel y, la verdad, poco me falta, porque antes del concierto me moría de nervios por ver al tío que se parece al calvo de la lotería.

Al entrar al auditorio estaba el telonero de lujo, José de Castro (Jopi), demostrando que es el guitarra solista más en forma de España. Al terminar éste sus cinco temas y un poco de espera ha salido “The Satch” para comenzar con el recital. No os voy a aburrir con la enumeración de temas ni detalles técnicos del concierto. Tampoco voy a empezar a manir adjetivos como brutal, apoteósico o acojonante. Simplemente voy a retirarme al rincón más oscuro de mi habitación a meditar y tratar de almacenar la mayor parte de recuerdos de la experiencia musical más importante de mi casi cuarto de siglo de existencia.

También voy a tratar de olvidar al colgao que se me ha sentado detrás y que me ha dado el concierto silbando durante las canciones a pleno pulmón y gritándole, en un alarde de ocurrencia, ¡Sarteni!. Seguro que a su puta madre le hacía gracia, pero yo lo hubiese tirado desde el anfiteatro con una cuerda de la guitarra de Satriani atada al cuello con un nudo corredizo. Pero sin rencor.