Como acostumbro a hacer a mediodía, siempre que el horario lectivo es benévolo conmigo, salgo a pasear con esa fiera sanguinaria de una estirpe de cánidos asesinos, aunque muy monos, llamada Predator, es decir, mi perro. Mi función consiste mayormente en perseguirlo mientras él trata de dislocarme el hombro con los constantes tirones de sus cuartos traseros. Esta divertida actividad se sucede en el Jardín Floridablanca, lugar del triste hecho que voy a relataros a continuación.

Muchos recordaréis uno de los grandes momentos del cine Español en el que, el policía más casposo de un cine ya casposo de por sí, patrullaba la ciudad haciendo caso omiso de todos los crímenes que veía, hasta que daba con una presa débil, a la que ofrecía un servicio de abuso de autoridad o abuso simplemente. Pues en el Jardín Floridablanca tenemos un Torrente, señores. Este individuo que debe rondar los sesenta años, se desplaza en una scooter verde con un letrero que reza flamante “VIGILANTE DE JARDINES”. Con su mono verde a juego con la moto, se da vueltas por el parque haciendo la vista gorda ante un grupo de alegres ciudadanos que consumen bebidas espirituosas desde bien temprano, orinando en árboles, increpando a los transeuntes y ensuciando el parque. También hay alguna que otra prostituta que deambula como alma en pena, algún yonki… vamos, lo normal en un parque. El problema surge cuando el individuo conocido como vigilante de jardines, decide que tiene que ganarse el sueldo al divisar a una anciana cogiendo un par de flores. Un resorte se activa en la cabeza de nuestro protector cuando se acerca a la señora derrapando con la scooter diciendo que eso está prohibido y que piensa denunciarla. La señora se achanta y pide perdón mientras el vigilante, lleno de orgullo, piensa para sus adentros lo bien que hace su trabajo.

No defiendo el arranque indiscriminado de flores, pero qué facil es ponerse gallito con el más débil. Como le vuelva a ver hacer algo parecido pienso lanzarle una bolsa de mierda de perro, que seguramente sea lo que tenga más a mano.

Aquí concluye el que he venido a denominar como Efecto Torrente o también llamado en otros círculos científicos Corolario de Romero el Madero.

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