Aprendiz de todo, ¡Maestro!, de nada.
30 Dec
Vuelvo de Suecia y me encuentro el blog lleno de polvo, sucio y destartalado. Esto nunca hubiese pasado en mi presencia, pero bueno no voy a ponerme de mal humor en unas fechas tan señalizadas, así que paso a intentar poner remedio con un post higienizador y desifectante.
Como muchos sabréis, he estado en Suecia formándome como persona, animal o cosa, haciendo frente a las labores del hogar y enfrentándome a mil y una peripecias que han hecho de mí lo que soy ahora: un ser completamente idéntico al que se fue.
Una de las labores más o menos gratificantes que he experimentado es la de pasar la aspiradora por la superficie que conforma el suelo de mi habitación sueca. Sé que hay algunas perversiones con este erótico electrodoméstico, pero hoy no hablaremos de ello, sino del uso para el que fue diseñada en un principio: hacerte desear cantar I want to break free con una mano en la cintura y otra en la aspiradora.
Concretamente, mi favorita es la sensación de perseguir esas pelusas grisáceas y amorfas, que surgen de la nada, a las que has llegado a conocer, querer, a tratar de usted y verlas desaparecer atraídas por el vórtice que atraviesa el conducto, apéndice o trompa de la aspiradora para volver a la nada que las generó. Es de lo más sublime que he experimentado en lo que a labores del hogar se refiere. Cierto es que una vez hecho varias veces, uno pierde el interés y la capacidad de sorprenderse, pero que me quiten lo aspirado.
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