Aprendiz de todo, ¡Maestro!, de nada.
2 Jan
Hay determinados elementos lingüísticos de nuestra vida cotidiana que nos crean falsas esperanzas. Sobre todo suelen ser palabros siniestros, aberraciones siamesas que no tienen otro objetivo que engañarnos y jugar con nuestras ilusiones. Ni un matasuegras es un arma definitiva contra la madre de tu cónyuge, ni el atascaburras sirve para frenar a ninguna hembra de asno enfurecida, ni un pelagatos se dedica profesionalmente al noble arte de mondar felinos, ni un testaferro tiene la cabeza hecha de ningún metal, ni un cantamañanas podría participar en la versión matutina de operación triunfo. Lamento desilusionaros al decir que ni un tragaldabas ni un mascachapas se parecen en nada a un fakir especializado en portones o tapones metálicos. ¡Quitáos todas estas ideas de la cabeza!
Os tranquilizará saber que el cotillón no se mete en vuestra vida privada, que un cajón no tiene por qué ser más grande que una caja, y que el corazón no es una gran coraza por mucho queramos que así sea. Claro que estas palabras no son compuestas y no sé muy bien lo que hacen en esta entrada.
En esto, como en todo, hay excepciones. A un lameculos le suele oler el aliento a mierda.
Con un par de ejemplos de verdades a medias me despido después de una Nochevieja recién estrenada y una Nochebuena no tan buena. Pot último un consejo: no dejéis que un pintamonas os retrate como si fueseis simios y os estropee el año entrante.
22 Dec
Creo que todos nos hemos encontrado en la siguiente tesitura; terminas de escribir un email y tienes que despedirte. ¿Qué pones? Yo, en mi afán de investigación he ideado una sencilla tabla asociativa que establece la despedida adecuada en función del grado del lazo que te una a esa persona. Para familiares “Un beso”, para amigos “Un abrazo”, para enemigos un “Arde en el infierno”, para animales una onomatopeya en función de su condición, para la nobleza lo mismo que los animales. Para el resto de la humanidad existe la convención de colocar “Un saludo”. Craso error. En el teclado Qwerty que los españoles utilizamos, la U y la I están demasiado cerca, con lo que os puede pasar lo que le pasó a un amigo mío, que no soy yo.
Estaba el tipo en cuestión escribiendo un email a la tía más maciza de su empresa, a la cual llevaba trabajándose varias semanas. Le proponía una cena de negocios y negociar la no negación de la práctica de la cópula vespertina libre de compromiso. Llegó al punto crucial de la despedida y sus rechonchos dedos dirigidos por un subconsciente traidor turbado por la prisa, le hicieron escribir lo siguiente:
… y sin más preámbulos es mi intención emplazarla a las 20 horas en el restaurante xxxx para discutir el informe xxxx.
Fdo: Juan Antonio.Un salido.
En estos momentos en los que el dedos es más rápido que la vista, pulsó el botón enviar mientras contemplaba cómo sus planes de fornicación, su vida social, y su dignidad viajaban por el cable ethernet dirección el ridículo más absoluto.
16 Dec
Tomar los siguentes ingredientes
Todo esto mezclado, no agitado, da como resultado un broche de oro a un primer cuarto de siglo para enmarcar. Gracias ^^.
1 Dec
Todo el que me conoce lo suficiente es consciente de mis despistes. Puede que sea algo genético, pues mi inmediato antecesor ha tenido a bien alguna vez divertir a los transeuntes de la Gran Vía de Murcia desfilando pertrechado con el casco de la moto.
Pero hoy no voy a hablar de mi ni de nadie de mi familia, a pesar de que mi foto bien podría estar junto a la palabra despiste en el diccionario. Os voy a contar la historia de un amigo mío (que no soy yo) que tuvo un despiste muy gracioso. En uno de los muchos recreos del instituto, percatéme de que por la parte del pantalón donde se junta con el zapato de dicho amigo asomaba un trozo de tela blanco. La curiosidad pudo con él y comenzó a tirar del trozo de tela mientras nosotros mirábamos estupefactos. El trozo de tela fue aumentando de tamaño hasta que se convirtió en unos hermosos ondeantes calzoncillos abanderado. Avergonzado por nuestras disimuladas carcajadas y nuestros dedos señalándole tímidamente, nos explicó que el día anterior al ponerse el pijama, se desnudó por la vía rápida, con un único gesto que eliminaba de su tren inferior todo atisbo de resto textil, quedando su ropa interior en el interior agazapada hasta entonces preparando su aparición estelar y esperando los aplausos de nosotros, su público. Los calzoncillos fueron escondidos en el bolsillo del pantalón satisfechos de haber conocido algo de mundo libres de sus tres inseparables compañeros genitales.
26 Nov
Lo que voy a decir hoy puede herir la sensibilidad de cualquier persona trendy que guste de ir a la última en cuanto a ropa se refiere, pues va a recibir palos hasta en el Documento nacional de identidad. Esto va dedicado a ti, que llevas lo que se lleva, dices lo que se dice, escuchas lo que más se escucha y pensar pensar…
Muchos de los que me conocéis, sabréis que tengo aversión hacia las cosas que se ponen de moda entre lo que yo denomino las pijas borregas. He tenido muchas crisis de sociopatía como la moda de los dorados y plateados, el estilo tigre y leopardo, las camisetas premamá entre las chicas no embarazadas, los pantalones pitillo… pero el punto álgido de mi odio fue cuando llegaron las zapatillas bailarinas. Esa especie zapato de tacón sin tacón que empezó llevando la niña de 23 años a la que su madre aún llama princesa, que tiene un chiuaua ridículo. Este ridículo especimen no supone una perturbación para mi equilibrio emocional. El problema surge cuando todas las pseudo pijas (las mismas que se pusieron el pañuelo palestino hace unos meses) oyen de una fuente poco fiable que este año se llevan estas zapatillas junto con el color mierda de pavo, los sombreros hechos con cubos del Kentucky Fried Chicken, los cinturones justo debajo de la pechera. Todo esto sumado al pañuelo palestino, mechas, shorts, collares de perlas de plástico dan como resultado una especie de Cindy Lauper del siglo XXI con la personalidad de un gasterópodo.
Estoy deseando que se ponga de moda la ropa de payaso como en aquella película “La mujer más fea del mundo”.
*** Edito *** La película es Crimen ferpecto, como bien apuntó H
20 Nov
No voy a explicar qué es la polipoesía porque está muy bien dicho en la kiwipedia, pero es que últimamente me cuesta parir algo de más de 140 caracteres. Sólo tengo ideas cortas y cabellos largos. ¿Se puede expresar el carácter en pocos caracteres?.
Frank T le dijo a un chico, que preguntó qué podía hacer si se le daba mal rapear por no tener sentido del ritmo y una voz ridícula, que podía dedicarse a la polipoesía. El chico pensó en que ningún polipoeta salía en la MTV con chicas en un jacuzzi. Días más tarde ninguno supo qué pasó con este chico, porque no lo conocíamos de nada.
Un siglo y medio antes, Bécquer enamoraba mozas con su hitazo “Poesía eres tú” y al poco tiempo moría el mismo día que había un eclipse. Veinte años antes moría Balzac, del que hoy he sabido que compartimos la manía de estar lúcidos por la noche y agilipollados el resto del día.
Otro par de siglos antes, Tirso de Molina escribía El burlador de Sevilla y aquí es donde yo quería llegar, y no hablo de Sevilla, donde he pasado ese fin de semana que todos desearíais, sino de Fran Perea haciendo en un teatro esta obra, lo cual es más ridículo que alguien que intenta hacer una comparación y no puede.
Por último un jeroglífico.
&
10 Nov
Últimamente me dedico a observar mi barrio, pero mi barrio es un poco coñazo. Mi calle es una de las tres más ruidosas de Europa occidental, siempre hay algún loco chillando por la noche, o algún motorista con mucha prisa y poca discreción que quiere hacer partícipe al mundo de los pocos caballos que tiene su ruidosa motocicleta. De día es un desfile de coches aparcados en doble fila y coches no aparcados haciendo eslálom. De noche los únicos coches que hay están en la puerta de un bingo que antes era un cine.
La gente que frecuenta mi barrio es muy variopinta. Dependiendo también del horario de observación varía el tipo de transeúnte o pedestrian como dicen los ingleses, no todos, algunos. A primera hora se puede ver gente adulta llevando a gente no tan adulta al colegio, pasando inevitablemente por delante de los pobres de la puerta de la iglesia y los pobres que esperan el autobús que los lleva a la universidad. A media mañana los niños desaparecen mientras los adultos van al banco que hay justo debajo de mi casa a resolver sus asuntos financieros. A eso de las once, desde mi casa se puede escuchar, sin poner mucha atención, los gritos de los niños torturados en el colegio. Los repartidores de prensa gratuita se retiran con la satisfacción del trabajo bien hecho y las señoras no dan abasto a comprar en la plaza de abastos. La gente anda por la acera y otros andan por la acera de enfrente. Los niños salen del colegio y yo paseo a mi perro. Por las tardes la gente es la misma pero un poco más amarillenta porque el sol les da de manera distinta. De vez en cuando sobre la hora de comer la gente se choca en la plaza con el coche cumpliendo con el ritual de frenazo, golpe, manos a la cabeza y vuelta a arrancar. Los domingos es igual, solo que la gente va más elegante. Los turcos se han propuesto alimentarnos, los chinos que no nos falte de nada a ninguna hora, los sudamericanos procrear, los árabes igual que los chinos pero con otras cosas jeje.
Otro día os hablaré de los comercios míticos del barrio como Baltasar, el bar Socovos, el Estanco, El kiosko de Paco, La tienda de música del manco, o el Espinosa. Seguramente nunca hable de esto, pero era una buena forma de terminar.
Con tan buen título, el texto no podía ser menos y es que me doy cuenta de que sólo soy un aficcionado, o ficcionado, una persona influenciada por la ficción recreada en películas, libros y cualquier cosa que no sea la realidad. Soy un peliculero con pelos en el culo y vivo en una especie de Show de Truman.
P.D. Creo que hay un blanco en la Casa negra.
9 Oct
Como acostumbro a hacer a mediodía, siempre que el horario lectivo es benévolo conmigo, salgo a pasear con esa fiera sanguinaria de una estirpe de cánidos asesinos, aunque muy monos, llamada Predator, es decir, mi perro. Mi función consiste mayormente en perseguirlo mientras él trata de dislocarme el hombro con los constantes tirones de sus cuartos traseros. Esta divertida actividad se sucede en el Jardín Floridablanca, lugar del triste hecho que voy a relataros a continuación.
Muchos recordaréis uno de los grandes momentos del cine Español en el que, el policía más casposo de un cine ya casposo de por sí, patrullaba la ciudad haciendo caso omiso de todos los crímenes que veía, hasta que daba con una presa débil, a la que ofrecía un servicio de abuso de autoridad o abuso simplemente. Pues en el Jardín Floridablanca tenemos un Torrente, señores. Este individuo que debe rondar los sesenta años, se desplaza en una scooter verde con un letrero que reza flamante “VIGILANTE DE JARDINES”. Con su mono verde a juego con la moto, se da vueltas por el parque haciendo la vista gorda ante un grupo de alegres ciudadanos que consumen bebidas espirituosas desde bien temprano, orinando en árboles, increpando a los transeuntes y ensuciando el parque. También hay alguna que otra prostituta que deambula como alma en pena, algún yonki… vamos, lo normal en un parque. El problema surge cuando el individuo conocido como vigilante de jardines, decide que tiene que ganarse el sueldo al divisar a una anciana cogiendo un par de flores. Un resorte se activa en la cabeza de nuestro protector cuando se acerca a la señora derrapando con la scooter diciendo que eso está prohibido y que piensa denunciarla. La señora se achanta y pide perdón mientras el vigilante, lleno de orgullo, piensa para sus adentros lo bien que hace su trabajo.
No defiendo el arranque indiscriminado de flores, pero qué facil es ponerse gallito con el más débil. Como le vuelva a ver hacer algo parecido pienso lanzarle una bolsa de mierda de perro, que seguramente sea lo que tenga más a mano.
Aquí concluye el que he venido a denominar como Efecto Torrente o también llamado en otros círculos científicos Corolario de Romero el Madero.
27 Sep
Hubo una época en la que sufrí de varios trastornos mentales debido al estrés provocado por mi trabajo de catador de venenos. El primero de esos trastornos fue una creciente megalomanía, que hacía crecer mi ego de forma descomunal. Me planteé el suicicio, pero me hubiesen acusado de magnicidio y hubiese perdido mi trabajo.
Una vez lo superé me sobrevino un trastorno de personalidad múltiple llegando a las ciento cincuenta personalidades. En esa época acudí a muchas fiestas pues invitaban a mis personalidades más influyentes, pero la situación era insostenible y de nuevo me planteé un suicidio. Según fuentes cercanas al hipotálamo, las personalidades sometieron el suicidio a votación y ganó el “no” para disgusto de una personalidad que era líder de una secta judeo-satánica que deseaba un suicidio en masa. Trató de convencer al resto de personalidades de los beneficios del suicidio para la salud, pero el soborno de una personalidad corrupta por parte de la que creía ser Napoleón frustró sus planes.
Caí en una profunda depresión cuando superé este trastorno porque echaba de menos a todas mis personalidades, Así que me eché una amiga invisible. La cosa fue a más y empezamos a salir, pero por miedo a un embarazo psicológico tuve que fastidiarme y conformarme con algunas pajas mentales. La falta de sexo me volvió muy paranoico y las voces de mi cabeza se burlaban de mí continuamente. Al final me dejó porque se había inventado un amigo real y ya no me necesitaba. Dejé el trabajo de catador de venenos y me ofrecieron una plaza de funcionario que tuve que rechazar por mi agorafobia. Pensé en meterme a monje de clausura, pero mi claustrofobia no me permitía entrar en el interior del convento (al claustro). Al finál trabajé de imán de la mezquita de Córdoba gracias a mi trastorno bipolar. Cuando cumplí veintiséis años tuve doble triscadecafobia.
Al final la palmé por un constipado que se me complicó con el atropello de un autobús que no pude esquivar por mi decidofobia. Una vez en el cielo cogí Teofobia y Satanofobia por lo que me reencarné en lo que soy ahora, una persona aparentemente normal que está como una puta chota.
16 Sep
Aunque no lo creáis, y muchos digan que mi forma de vestir es de lo primero que pillo, soy un estudioso de la moda y de sus curiosidades. Cierto es que mis decisiones están muy condicionadas a la accesibilidad de la prenda, teniendo prioridad las de la silla, seguidas de cerca por las del perchero, luego de las del armario, después las del rincón mágico donde dejas la ropa sucia y desaparece (hay que darles una segunda oportunidad) , el armario de la plancha (donde viven los calcetines solteros), la cuerda de tender, canasto de la ropa sucia y por último la lavadora.
Otro día os hablaré del ciclo vital de la ropa y otros misterios que suceden en mi hogar, pero hoy toca hablar de dos prendas que están sujetas a los caprichosos designios de las modas pasajeras, que al igual que la historia, tarzán y la economía son oscilantes y cíclicos, describiendo un efecto péndulo en el que cada cinco años se llega al punto de máxima inclinación con catastróficas consecuencias. Cuando el extremo de la moda pitillo está en su máximo apogeo, los tobillos de los portadores de dicha prenda se ven oprimidos por una fuerza de tal calibre que, en ocasiones, poduce una deformación que hace imperceptible la unión entre el pie y la pantorrilla provocando varices, gangrena y llegando a la amputación en los casos más extremos. Cuando esto se da, las autoridades sanitarias toman cartas en el asunto advirtiéndonos de los graves peligros de los pitillos y los riesgos de los pantalones apretados para la virilidad y el embarazo.
Los pantalones campana llegan cuando la gente toma conciencia de lo perniciosos que son los pantalones pitillo para la sociedad, la moda se traslada al otro extremo haciendo la pierna de los pantalones cada vez más ancha dando una libertad inusitada a partir de las rodillas. Sin embargo el resto del pantalón sigue siendo bastante ajustado, con lo que se da una bipolaridad sensorial nada agradable que termina con una falta de riego en el dedo meñique del pie que hace imposible el caminar correctamente. En el extremo de esta moda, los pantalones campana tienen cola como los vestidos de novia y necesitas dos asistentes detrás que eviten catástrofes. En los hombres, sucede algo que no sucede con las mujeres y es que cuando se quitan los pantalones campana dejan al descubierto el badajo (Éste ha sido muy malo, lo sé).
En definitiva yo optaría por estos pantalones que siempre he usado, pantalones normales, de pierna recta y sin demasiadas cosas, porque lo que hoy está de moda, ten por seguro que mañana dejará de estarlo.